Futures thinking: una habilidad humana

Cuando nos preguntamos qué nos hace futuristas, la respuesta rara vez se agota en el dominio de métodos o herramientas de anticipación de futuro. Saber construir escenarios, analizar tendencias o mapear incertidumbres es importante, pero no suficiente.

La charla What Makes a Futurist? que se dio en el marco del Dubai Future Forum 2025 planteó con claridad que ser futurista implica, ante todo, desarrollar la capacidad de integrar miradas y crear espacios para navegar futuros posibles.

Las preguntas que atravesaron esta conversación se centraron en cómo se define el futuro. ¿Como una mentalidad?, ¿como una disciplina?, ¿como una profesión?, ¿como una responsabilidad?

La respuesta no fue excluyente. El futuro puede pensarse como las cuatro cosas a la vez:

  • Es una disciplina con métodos y marcos conceptuales.

  • Es una forma de pensar y posicionarse frente al cambio.

  • Y es, sobre todo, una responsabilidad compartida. Profundizar en esa distinción permite correr el foco de una visión técnica del futurista hacia una comprensión más amplia de su rol.

Desde esa perspectiva, también se vuelve necesario revisar a quiénes estamos considerando futuristas. Pues no solo entran dentro de esta categorización los especialistas o técnicos formados en el campo, sino también personas provenientes de múltiples disciplinas, trayectorias y experiencias. 

El futuro, como campo de pensamiento, se parece más a la confluencia de ríos que a una única corriente, con distintas miradas que se cruzan, dialogan y se tensionan.

Así, el futurista aparece menos como alguien que impone una visión y más como alguien que imagina futuros, integra perspectivas diversas y crea espacios para navegar la complejidad.

El futurista no se define por las herramientas que utiliza, sino por la posición desde la cual observa y actúa.

Milagros Fonrouge, orientada al Design Anthropologist, lo expresó con claridad al hablar de la creación de espacios y herramientas —artefactos especulativos, narrativas, historias— que ayudan a pensar realidades complejas. En una línea similar, Bree Trevena, foresight leader de Arup APAC, contó cómo volvió al campo luego de haberse alejado, al comprender que el verdadero valor del futures thinking estaba en ayudar a las personas a tener conversaciones honestas sobre el cambio.

Desde este lugar, el futurista es, ante todo, un facilitador. Y esa posición tiene mucho más que ver con la mentalidad que con la técnica.

Enseñar futuros: de la disciplina a la vida cotidiana

Este enfoque conecta directamente con una segunda conversación clave del DDF 2025: Teaching Futures. Moderada por Sohail Inayatullah, referente global en estudios de futuro, la sesión reunió a representantes de UNESCO y de instituciones académicas orientadas a la formación en estudios de futuro.

Más allá de la diversidad de miradas, hubo un punto de coincidencia claro:

La importancia de formar pensamiento de futuro no solo como carrera, sino como habilidad para la vida.

El futures thinking no debería entenderse únicamente como una formación profesional ni como un campo reservado a expertos. Aunque existan especialistas y un cuerpo de conocimiento específico, la capacidad de imaginar múltiples posibilidades, de pensar críticamente sobre lo que viene y de relacionarse creativamente con el futuro no debería ser exclusiva de unos pocos.

La anticipación de futuros es una habilidad humana fundamental.

En este sentido, el pensamiento de futuro aporta capacidades clave:

  • Pensamiento crítico.

  • Creatividad.

  • Imaginación.

Capacidades que no solo son útiles en el ámbito profesional, sino también en la vida cotidiana.

Sobhi Tawil, desde UNESCO, planteó incluso que esta capacidad puede pensarse como un derecho: el derecho a investigar, a enmarcar problemas, a formular hipótesis y a informarse para actuar frente a futuros posibles. El futuro no debería ser un territorio exclusivo de expertos, sino un espacio al que todos podamos acceder.

Democratizar el pensamiento de futuro

Esto implica un desafío importante: democratizar el futures thinking. Sacarlo del lenguaje académico, dejar de limitarlo a las universidades y llevarlo al día a día. A los equipos de trabajo, a las organizaciones, a las aulas, a las comunidades.

Sohail Inayatullah lo sintetizó con una idea potente: aspirar a “ocho mil millones de futuristas”, personas capaces de participar activamente en la construcción y navegación de su propio futuro y el de su entorno.

En este marco, enseñar futuros es, muchas veces, decir lo mismo una y otra vez. Entre otras cosas, porque la pregunta se repite: ¿podemos o no predecir el futuro?

La respuesta implícita es clara: somos más que predicción. No alcanza con analizar y calcular. Hay que imaginar. Y eso requiere también cambiar la demanda. Trabajar en que la gente deje de pedir predicciones y empiece a demandar una relación consciente con el futuro, como un espacio de construcción desde el presente.

La enseñanza cumple aquí un rol central. Enseñar inspira, refresca, da esperanza y fomenta el pensamiento crítico. Y, como señaló el profesor Kuo-Hua Chen desde su rol de decano en la Universidad de Tamkang, también implica garantizar buenas carreras. No “buenos futuros”, algo que sería bastante abstracto, sino trayectorias viables que permitan a las personas sostenerse y contribuir en contextos reales.

Al finalizar la charla, le pregunté a Chen qué consejo daría a proyectos de formación que recién comienzan y que están muy lejos de ser una gran institución. Esto es una tarea colectiva, no individual”, me respondió en coherencia con el tono de sus reflexiones. “Hay que aprender a buscar gente apasionada y construir con ellos en el tiempo”, remató.

Esa idea resume bien uno de los puntos centrales que nos define como futuristas: trabajar con personas, vínculos y convicción compartida.

Democratizar el pensamiento de futuro implica aprender a habilitar una relación distinta con el futuro.

Si quieres profundizar sobre la formación en método y habilidades del futurista, puedes comenzar por El futuro siempre presente, el libro de Pablo Reyes. Y si quieres quieres profundizar sobre la relación con el futuro, puedes leer Los futuros que nos habitan, un libro en coautoría entre Pablo Reyes y Carlos González Mella.

Ambos contenidos están profundamente relacionados con el desarrollo del pensamiento anticipatorio. Es más, en este sentido, estas charlas del DFF 2025, en lo personal, me ayudaron a complementar y justificar la existencia de Anticipando Futuros. Estamos precisamente haciendo eso que la academia está demandando. Estamos democratizando el pensamiento de futuro. Estamos construyendo una relación distinta con el futuro.


Entender el presente para proyectar el futuro


¡Convocatoria abierta!

Elige tu industria, diseña escenarios posibles para tu emprendimiento y adquiere nuevas herramientas para ganar claridad y prototipar el futuro buscado.

¿A qué señales debes atender para anticipar el futuro?

Walter Giu

Estrategia y dirección de contenidos en EsaCosa.es, ActivoEditorial.com y AnticipandoFuturos.com

Siguiente
Siguiente

¿Desde qué relatos estamos construyendo el futuro de la salud?